“… el niño describió con detalles precisos y convincentes cómo el ejército ametralló a más de tres mil trabajadoresacorralados en la estación, y cómo cargaron los cadáveres en un tren de doscientos vagones y los arrojaron al mar”.
                                                                                                                                                                                                                                                               Gabriel García Márquez en “Cien Años de Soledad”

Ojalá dentro de cien años otra “paloma de la guerra” no este alardeando que lo que hoy paso fue una ficción y que nuestras generaciones futuras sean capaces de llevar al pueblo colombiano a una real paz estable y duradera.

Cuando muchos pensamos que el país se abría camino, no sin dificultades, no sin conflictos, a vivir en una sociedad respetuosa de la vida humana, sin exclusiones, democrática, libre y amable con la naturaleza, los acontecimientos pos-elección del nuevo presidente de Colombia enrarecen, por decir lo menos, ese ambiente de paz que se respira entre muchas colombianas y colombianos.

La irresponsabilidad Estatal no puede seguir diciendo, en palabras de sus principales voceros, que los asesinatos de lideresas y líderes sociales y políticos no son sistemáticos, que no tienen un patrón común o que una “mano desconocida” esta detrás de esta ola de crímenes. El nobel de paz colombiano, no puede sentirse “dolido” cuando en 2018 han sido asesinados 123 líderes, en 73 municipios del país, sin que el gobierno y el Estado hayan actuado para evitarlos y su ministro de defensa siga con la indolencia de decir que estos crímenes “obedecen a líos de faldas”, o queriendo revictimizar a algunas de ellas.

Lo real es que las élites, que han dominado el país durante 200 años, le tienen miedo a los cambios que favorezcan a la mayoría de la población. Le temen a la verdad sobre sus crímenes, por eso quieren recortar los alcances de la Justicia Especial para la Paz – JEP. Hoy, que asistimos a reales posibilidades de otra forma de hacer política, de ejercer el gobierno, de consolidar poderes locales populares y de ser alternativa a esas élites, sus herederos han reiniciado una nueva arremetida criminal contra todo lo que se les pueda oponer.

La USO seguirá luchando para que la paz con justicia social sea una realidad en Colombia, para que la inclusión sea lo habitual, que la libertad sea el pan de cada día y el tratamiento a los conflictos sociales y políticos sean algo normal y no un problema de orden publico.

Proponemos a todos los sectores de la sociedad en Colombia que apoyen el proceso de implementación de los Acuerdos del Teatro Colón, suscritos entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP; el proceso de diálogo, que se inició en Quito y continúa en La Habana, entre el Gobierno Nacional y el ELN; a la Comunidad Internacional que sea vigilante y activa sobre este proceso de paz que tanto ha valorado y nos convocamos a la distintas manifestaciones que se realizarán en DEFENSA DE LA VIDA, el próximo 7 de agosto, día de posesión del nuevo Presidente de Colombia.

Bogotá, 6 de julio de 2018

UNIÓN SINDICAL OBRERA DE LA INDUSTRIA DEL PETRÓLEO –USOCOMISIÓN
DE PAZ Y DERECHOS HUMANOS

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